Óscar Sanmartín Vargas

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“El hombre ilustrado”

El hombre ilustrado era una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados. Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas, extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes.

Ray Bradbury

 

http://www.oscarsanmartin.com/

La obra de Óscar Sanmartín en el programa de RTVE La Aventura del Saber, Octubre 2013.

Nuevos trabajos de Óscar Sanmartín en el programa de RTVE La Aventura del Saber, Mayo 2022.

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Si alguien me pregunta qué hace Óscar Sanmartín, yo respondo sin dudar: observa el misterio y luego lo calca con minuciosidad y precisión de ingeniero. Pero nunca lo revela. El misterio sigue siendo misterio. Más misterioso aún, calcado en el grafito. Eso es lo suyo, su especialidad. En sus dibujos hay siempre algo inquietante. Son un lugar para el escalofrío y el asombro. Dentro habitan muchas historias. Seres diminutos como microbios, invisibles al ojo humano, se mueven entre los surcos del lápiz. A veces siento la tentación de colocar sus dibujos bajo la lente poderosa de un microscopio, de cortarles un trocito y hacer un cultivo. Pero no me atrevo. Como él, respeto el misterio.

Si me preguntan con qué materiales trabaja, también lo tengo claro: con lápiz y misterio sobre papel. Porque el misterio es también una sustancia que mancha y nunca acaba de secarse. Su sustancia.

Sin embargo, lo que sucede en sus dibujos sucede siempre en otro lugar y en otro tiempo. Y ahí ya no tengo respuestas. No me atrevería a decir remoto, ni anterior, ni futuro. Diría que no puede situarse en un eje espacio-temporal. De estar, sus dibujos están en el límite entre lo posible y lo imposible. Donde las leyes de la física no se aplican, los ojos dejan de ser sensibles a la luz y el color es reemplazado por la forma y la textura.

Tienen el poder hipnotizante de lo desconocido. Algo que atrae y paraliza a la vez. Quiero entrar en sus espacios y tocar sus criaturas solitarias, pero me quedo a una distancia prudente. Como si un presentimiento me alertase de que algo tremendo puede ocurrir repentinamente. ¿Y si el edificio de pronto se colapsa o la criatura se despierta y ya no hay escapatoria? Podría quedarme encerrada para siempre en ese más allá, en esa dimensión desconocida de papel y grafito.

Miriam Reyes