Ferran García Mallol

(anagramas)

El azar- que ya sabemos que no existe  y, no obstante, es el origen de todo- se ha encargado de hermanar un conjunto de elementos heterogéneos y emulsionarlos hasta ligar esta especie de alioli que tenéis entre manos. Así de sencillo.

     Dos proyectos que avanzaban por caminos paralelos : dos auto-encargos sin otro objetivo que  disfrutar jugando con las imágenes, por un lado, y, por otro, con las palabras. Trabajando de peón con espíritu lúdico.

     Me agradan las imágenes oníricas que se manifiestan en los collages de las ilustraciones de las viejas enciclopedias y encuentro satisfacción desmontando palabras y recomponiéndolas, descubriendo las relaciones ocultas entre dos combinaciones de idénticas letras.

     Cuando las dos composiciones se encuentran ( y no puedo dejar de invocar lo del encuentro fortuito del paraguas y la máquina de coser de Ducasse ; llamadme pedante, pero cada uno tiene sus referentes ) y veo que se revela una tercera irrealidad aún más sugerente que la suma de las otras dos, sin ningún tipo de sentido ni de lógica, lejos de cualquier interpretación racional, es cuando me doy cuenta de que voy por buen camino, que estoy haciendo alguna cosa suficientemente nueva y diferente y que vale la pena compartirla. Al menos, eso me parece.

     Todo está inventado, diréis. Puede que sí. En todo caso, esto es lo que ha producido alguien que viene de las artes visuales, afortunadamente contaminado por el contacto con los poetas y otras gentes de letras. Ya se sabe: aquel que va con un cojo, con el tiempo cojea…

  No son jeroglíficos ni adivinanzas. ¿Poesía visual? ¿Anagramancia? Hay poesía, hay imágenes y hay palabras. Y quiero creer que hay alguna cosa más, la más importante: lo que no se ve y que cada uno añadirá según sus obsesiones. Este es un libro inocente y afortunadamente inútil. Está claro, pues, que es imprescindible y de primera necesidad.

Disfrutad con él, si así os parece. Y maldecidme y envidiadme, porque me he podido  permitir este lujo.

 

ANDRÒGINA CAFRE

 

(Traducción al castellano de Juan Carlos Peña)