David Beut
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David Beut tuvo un primer encuentro desafortunado con la fotografía. A sus padres no les gustaron las fotos tomadas con una cámara que le regalaron para su Comunión. Esperaban retratos familiares y no imágenes de extraños. Recordando aquella anécdota, comprendió que su verdadera pasión era fotografiar lo desconocido. La cámara fue una llave que abriría puertas a lo inexplorado y cambiaría su forma de ver el mundo.
Inconformista, rebelde y polifacético, no sabe encasillarse. Como un día le dijo su admirado fotógrafo Rafa Badía: "Hay fotógrafos que, como los cantantes de flamenco, tocan distintos palos, y ese es tu caso". Sus palabras le dieron alas, liberando su imaginación para crear obras como estas.
Beut nos revela su lado más pictórico, donde el color y la luz se entrelazan como un poema visual, experimentando con la estética, convirtiendo lo ordinario en algo único, teniendo siempre como elemento fundamental lo terrenal y urbano.
Recorre Madrid durante horas, pero cuando realmente se siente feliz es estando a miles de kilómetros de su casa, en ciudades desconocidas, donde vuelve a observar de manera virginal.
No se imagina la vida sin su cámara; para él, es como una extensión de su propia mirada. La cámara no es solo una herramienta para capturar la realidad, sino un medio para interpretarla, para mostrar su versión del mundo. Cada foto es un fragmento que depende de quien lo vea. La verdad, al final, está en los ojos del espectador, como una historia que cobra vida en la mente de quien la lee.
Entre luces y sombras, busca explorar lo que está más allá de lo visible. Sus fotos no están hechas para congelar el tiempo, sino para transmitir sensaciones, para que quien las vea sienta algo, para que no pase desapercibido. Si te das una vuelta por su página, verás que cada imagen tiene algo que contar, algo que te hace parar y pensar.

























